12designer se inmiscuye en la campaña electoral... analizando el diseño del primer impacto visual que recibe un votante: los carteles electorales.
Que nadie se asuste: nada más lejos de nuestra intención que meternos en política. Eso, para los profesionales y los tertulianos de bar. Es sólo que, como fanáticos de la creatividad que somos, miramos todo bajo el prisma del diseño, de las formas y las proporciones. Nos gusta mirar más allá. Qué le vamos a hacer, cada uno tiene lo suyo ;)
¿En qué se nota que hay campaña electoral? En que de repente parecemos estar en 1984: la novela, no el año. La uniformidad terrible de los carteles electorales convencionales: el sopor, la pereza, el márketing de manual. Candidato, vista al frente, sonrisa que inspire confianza. No, un poco menos, también seguridad. Así. Foto estándar, fondo estándar, un lema al lado, un color corporativo: fin.
Y la creatividad, agonizando en la cuneta.
Las ciudades y las carreteras se convierten en pulsos de presencia. Ahogar al elector por saturación, impactarle con tu color clásico corporativo todas las veces que puedas. Mensajes con faldón rojo, promesas con fondo azul: ese es el nivel de debate.
La comunicación, como la sociedad, avanza. Los modos de comunicar evolucionan, y lo que antes era efectivo ahora no necesariamente lo es. Y cada partido elige su forma de llamar la atención, dentro de lo atrevidos que quieran llegar a ser. O mejor dicho: dentro de sus opciones de triunfo, que también es un factor. Los partidos políticos pocas veces arriesgan si es una carrera entre dos por la victoria. Si hay una desventaja relativa entre ambos, ahí es cuando empiezan a escuchar lo que sus creativos tienen que decirles.
Ah, nadar y guardar la ropa, ese concepto.
(Obviamente, estamos dejando fuera un factor fundamental: el voto no se decide por un buen o un mal cartel, sino por ideología, afinidad, manías o castigo. Digamos que un mal cartel no te va a hacer cambiar de voto: pero puede que un buen cartel sí te haga tenerle un punto más simpatía a tu opción B o C.)
Por ejemplo, en 1977, las primeras elecciones libres después de la dictadura, uno podía encontrarse con carteles tan dispares como estos:

UCD (34,44% votos, 1º)
Poco que comentar aquí: un clásico. Mirada del candidato fuera de campo, sugiriendo que mira hacia el futuro y por tanto, que está capacitado para afrontarlo. Fondo neutro que no distraiga. Una mortecina y efectiva sobriedad.
PSOE (29,32%, 2º)
Un cartel radicalmente diferente. Si la UCD quería transmitir un gobierno razonable, un gobierno de próceres de bien, el PSOE quiere celebrar. Celebrar el advenimiento de un nuevo tiempo, uno en el que puede concurrir a unas elecciones libres porque ha sido legalizado. Mientras la UCD respira en su cartel un cierto aire de continuismo, el PSOE elige una ilustración colorista -claramente inspirada en los dibujos del Yellow Submarine de los Beatles y el Flying Circus de los Monty Phyton- que grita a los cuatro vientos que los tiempos han cambiado, transmitiendo optimismo para el futuro. El trazo alegre conecta con el probable electorado: jóvenes y hippies urbanos, obreros y campesinos.

PCE (9,33%, 3º)
El Partido Comunista, otro de los grandes demonios de la dictadura, también pudo concurrir a estas elecciones. El posicionamiento de su campaña se observa claramente detrás de este diseño: situarse claramente como auténtico defensor de los trabajadores, frente al pujante y más centrado PSOE. La cartelería apuesta por el impacto cromático directo, virando al rojo una fotografía de obreros agrupados, quizá en una asamblea, quizá en un descanso. En cualquier caso: unión, grupo. El estilo, la tipografía... se observa parquedad de medios. Como si todavía tuvieran que crear los carteles desde la clandestinidad. ¿Era un estilo intencionado, para vincular a sus electores en los tiempos en los que el PCE era prácticamente el único partido que como tal operaba en la clandestinidad?
Con el tiempo, hemos visto cómo, según iba madurando la democracia en España, los carteles y la imagen pasaban a estar cada vez más controladas por los gabinetes y asesores de imagen. Carteles mucho más en la línea de Suárez, quién lo iba a decir. La paradoja de la profesionalización de la imagen. Ahí hemos bebido directamente de las aguas de los asesores de campaña estadounidenses: ni un pelo fuera de sitio, ni una palabra más alta que la otra, la camisa planchada, la corbata tranquilizadora. Prefabricando el producto, estandarizándolo: pero también dándole más empaque, más universalidad.

Aburrido.

Aburrido.

Aburr Horrroroso.
Así que, tras varias dosis de colirio y trankimazin para sobreponernos a tipografías imposibles, silueteados hechos por un mono oligofrénico y demás parafernalia aterradora, hemos encontrado algunos ejemplos verdaderamente interesantes y creativos. Afortunadamente.
Aquí va nuestro top 3 de joyas electorales:
#3: el famoso y polémico cartel no-electoral de Tomás Gómez (PSM-PSOE)
Una cosa sí hay que reconocerle a este cartel: es un muy valiente paso adelante en lo creativo. Presentar a un candidato fuera del entorno de fotografía prefabricada y jugar a que es la estrella de una película es un auténtico pensamiento creativo, "out of the box", que dicen los anglosajones. Otra cosa es la conveniencia del mensaje (porque se corre el riesgo de banalizar sus propuestas políticas), o incluso, si el candidato tiene el carisma suficiente para soportar un mensaje tan arriesgado como este. Tema polémico ;)

#2: PNV-EAJ y su marca IBA RRE TXE
Sí, este es el gran aporte de esta campaña: convierte al candidato en una marca. Sólo a través de la correcta e inteligente disposición de la tipografía. El cartel que resume esta campaña crece con cada vistazo que se le echa: el nombre del candidato, agrupado en esta disposición, olvida los mandamientos de la legibilidad y busca la imagen de marca, conviertiendo al propio Ibarretxe, explicando una propuesta, en la I inicial. Asimismo, el retrato del candidato en un discretísimo segundo término, con la estética pop que nos lleva a Lichtenstein, aporta un compensado contrapunto. Por ponerle un pero: la más que discutible elección de la tipografía del slogan "Ahora más que nunca"; esa estética de campus universitario, de partido de fútbol americano nada dice y distrae de la que es, salvo eso, una campaña impecable.

#1, la crema de la crema: Barack Obama
Este cartel de Shepard Fairey no fue ni mucho menos concebido como cartel electoral, pero su presencia, su poder y su potencial de convertirse en un icono lo han convertido en una referencia de nuestro tiempo, de nuestra era. Es sencillo, es directo, es reproducible y sobre todo, es imitable: millones de parodias han circulado por la red, demostrando que estamos ante una obra atemporal, y no un mero cartel electoral de una campaña.
La gloria a la que aspiraría cualquier creativo al que le encargan un cartel electoral. Ah, si le dejaran.
¿Recordáis más carteles que os hayan impresionado, positiva o negativamente? ¡Enseñádnoslos!
Electoralmente vuestro,
Equipo 12designer
No comments made